20120125

- PABLO Y NOSOTROS – Valorar su vocación y pensar luego en la cantidad de veces que podemos experimentar a Jesús resucitado en nuestra vida.

Siempre nos han resultado lejanos y misteriosos los personajes bíblicos, precisamente porque aparecen viviendo experiencias extrañas y especialísimas, que ningún cristiano normal vive hoy en día.
También Pablo, en cierto momento de su vida, experimentó un encuentro íntimo y especial con Jesús, que lo llevó a abandonar todo y a centrar su existencia únicamente en Cristo Resucitado.
Fue una experiencia interior inefable, imposible de contar con palabras. Pero el autor bíblico la describe adornada con voces divinas, luces celestiales, caídas estrepitosas, ceguera, para exponer de algún modo lo que nadie es capaz de comunicar.
En realidad la experiencia paulina fue semejante a la de muchos de nosotros. Seguramente nuestra propia vocación cristiana fue también un encuentro grandioso con Jesús resucitado. Pero no oímos voces extrañas, ni vimos luces maravillosas. Y por eso no la solemos valorar. Y muchas veces languidece anémica en algún rincón de nuestra vida diaria.
Por eso hace bien reconocer que tampoco Pablo vio nada de aquello. Que no nos lleva ventaja alguna. Recordarlo, y pensar luego en la cantidad de veces que podemos experimentar a Jesús resucitado en nuestra vida, puede ser la ocasión para animarnos a hacer cosas mayores que las que hacemos ordinariamente. Como las que hizo Pablo.
Que este año sea un tiempo de redescubrir nuestra vocación Paulina para evangelizar más y mejor, para adentrarnos en la realidad con un espíritu coherente con nuestra vocación y el espíritu del Resucitado. 

20100622

PABLO: ¿QUÉ SE SABE SOBRE SU VIDA? (Segunda Parte)

Alarmante Biografía.
Imaginemos a un hombre que durante su juventud estuvo lleno de odio y violencia. Que vivió apegado al tradicionalismo oficialista, intolerante y persecutorio. Que luego cambió radicalmente y se unió a una secta disidente. Entonces y como parte de ella, estuvo preso en varias oportunidades, tanto en su país como en otras naciones. Fue condenado al menos ocho veces a distintos tipos de penas por las autoridades judiciales. Padeció conflictos con los dirigentes de su nuevo grupo y sostuvo duras disputas por cuestiones de liderazgo y reconocimiento.
Las multitudes que lo escucharon estuvieron a punto de apedrearlo varias veces y al menos una vez lo lograron. En diversas ocasiones debió huir en secreto, buscado por las autoridades. Tres veces estuvo condenado a muerte. Una de ellas pudo escapar de noche con la ayuda de unos amigos. La otra vez, posiblemente fue liberado, gracias a la intervención de un matrimonio amigo luego de una ardua lucha. La tercera le costó la vida.
No parece la biografía de un inocente y disciplinado ciudadano, ni la de un intelectual de biblioteca. Más bien suena a la del jefe de una poderosa banda de delincuentes, o a la de un activista político sumamente peligroso. Sin embargo se trata de la descripción de San Pablo, y con datos extraídos de sus propias cartas.

Las fuentes sobre su vida.
De ningún otro personaje bíblico hay una información tan amplia y directa en las Sagradas Escrituras. Ni siquiera de Jesús, ni de los apóstoles más famosos (como Pedro, Santiago y Juan), tenemos datos tan completos.
Esto se debe a dos escritos importantes del N. Testamento:
a) Los Hechos de los Apóstoles, un extenso libro escrito por San Lucas y centrado casi completamente en la figura de Pablo;
b) Una colección de cartas escritas por el mismo Pablo. Por eso, muchos piensan que es fácil conocer la vida de este apóstol.
Sin embargo, si hacemos un estudio más cuidadoso de estos documentos vemos que las cosas se complican. Primero, porque de las 13 cartas atribuidas a Pablo en la Biblia, sólo 7 son hoy aceptadas como auténticas. Y segundo, porque el Libro de Los Hechos, que tan detalladamente habla sobre Pablo, contradice en muchas cosas a sus cartas. Lo cual nos muestra que Lucas, autor de Los Hechos, no conocía muy bien la vida de este apóstol.
Basta como ejemplo notar que en su obra no menciona ni una sola vez que Pablo haya escrito cartas a ninguna Iglesia.
Por qué, entonces, Lucas habla tan minuciosamente sobre Pablo en los Hechos, si no lo conocía muy bien? Es que Lucas no pretendió narrar en su libro la “biografía” de Pablo, sino mostrar cómo gracias a el, la palabra de Dios logró extenderse por todo el mundo antiguo hasta llegar a Roma; aunque los datos históricos con los que contaba no eran demasiado exactos.
No todo lo que es cierto para la fe, lo es también para la historia. Por eso, cuando Los Hechos contradice a las cartas, hay que darles credibilidad a éstas, que proceden directamente de Pablo.
Hecha esta salvedad, veamos qué podemos sacar en claro de esta extraordinaria figura del cristianismo primitivo.
Sus tres nombres.
El Nuevo Testamento le atribuye tres nombres: Saúl, Saulo y Pablo.
El primero, Saúl, es de origen hebreo, y solo aparece en los relatos de su conversión (Hch 9, 4; 22, 7; 26, 14) Éste era posiblemente su verdadero nombre. Quizás sus padres lo llamaron así en homenaje a Saúl, el primer rey de Israel, que pertenecía a la tribu de Benjamín igual que Pablo (Flp 3, 5).
El segundo nombre, Saulo, es el mismo que Saúl, pero en griego. Como el apóstol se movía en medio de gente que hablaba griego, es lógico que le tradujeran su nombre y en vez de Saúl le dijeran Saulo. (Como si nosotros, a alguien que en inglés se llama Charles, le dijéramos Carlos). Así se lo llama en la primera parte de Los Hechos, hasta el capítulo 13.
El tercer nombre, Pablo, es el que aparece siempre en las cartas, y también en Los Hechos, a partir del capítulo 13. ¿Por qué Saulo se cambió el nombre y se puso Pablo? No lo sabemos. Es probable que al comenzar a predicar en el mundo griego, se diera cuenta de que a la gente le sonaba mal su nombre (pues en griego el adjetivo “saulos”, se aplicaba a los individuos afeminados) y prefirió ponerse Pablo, que era de origen latino.
Para no vivir sin trabajar.
¿Qué oficio tenía Pablo? En sus cartas dice que hacia trabajos manuales, sin aclarar cuales. Pero por los Hechos (18, 2-3) sabemos que era fabricante de tiendas. Lo cual no es extraño, ya que Tarso (la ciudad donde había nacido) era famosa por la fábrica del “cilicio”, una tela fuerte hecha de pelo de cabra, paras las tiendas de los nómades.
Al convertirse y hacerse predicador hubiera podido prescindir de su profesión, ya que en aquel tiempo era común que los predicadores vivieran de las colectas de la gente, o de familias pudientes, que los mantenían. Pero Pablo dice en sus cartas que nunca quiso hacer uso de este derecho (1 Cor 9, 14-15), y que jamás recibió dinero por predicar (1 Cor 9, 17-18), porque no quiso ser una carga para nadie (2 Cor 11, 9). Por eso siguió ganándose la vida como fabricante de tiendas.
Semejante esfuerzo de predicar y trabajar lo dejaba extenuado. El mismo lo cuenta en una carta: Nos agotamos trabajando con nuestras manos (1 Cor 4, 12). Aun así, el dinero que ganaba era poco y no le alcanzaba. Tuvo, pues,. Que trabajar doble jornada (1 Tes 2, 9) y hacer horas extras para pode comer (2 Cor 6, 5). Pero aun trabajando de noche pasaba necesidad (2 Cor 11, 27). No siempre podía comprar comida ni ropa (1 Cor 4. 11), debió soportar el hambre y la desnudez (2 Cor 111, 27) y llegó a vivir como un pordiosero (2 Cor 6, 10).
No obstante todas sus penurias, jamás descuidó el servicio a las iglesias. Resulta conmovedor su testimonio: Debí afrontar trabajos y fatigas. Pasé muchas noches sin dormir, Sufrí hambre y sed. Estuve muchos días sin comer. Padecí frío. Anduve casi desnudo. Y además de todo esto, mi aflicción diaria: la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién sufre escándalo, sin que me desespere yo? (2 Cor 11. 27-29).
La misteriosa enfermedad
Por sus cartas sabemos que Pablo padecía una rara enfermedad que lo atormentaba y lo obligaba a reducir el ritmo de su trabajo. Y aunque le pidió a Dios varias veces que lo sanara para poder desarrollar mejor su labor apostólica nunca pudo librarse de ella. La describe así: Para que no sea engreído, se me dio un aguijón en mi carne: un ángel de Satanás me abofetea. Tres veces le pedí al Señor que lo quite. Pero el me contestó; “Te basta mi gracia, pues mi fuerza se muestra perfecta en la debilidad” (2 Cor 12, 7-9)
¿Cuál era la enfermedad que sufría Pablo? Aunque resulta difícil hacer un diagnostico a la distancia, tenemos algunas pistas.
El hecho de que la llame un aguijón en la carne hace suponer que no se trataba de una enfermedad grave, sino más bien de algo molesto que le causaba un fastidio constante. Ahora bien, por otra carta suya sabemos que durante su segundo viaje al Asia Menor una enfermedad lo obligó a detenerse en Galacia, oportunidad que aprovecho para evangelizar la región. Y añade: A pesar de la prueba que significaba para ustedes i cuerpo, no me despreciaron ni rechazaron, sino que me recibieron como a un ángel de Dios. Yo mismo recuerdo que querían arrancarse los ojos, si hubiera sido posible, para dármelos. (Gal 4, 13-1º5)
Por el hecho de que los gálatas querían “arrancarse los ojos” para dárselos a Pablo, podemos pensar que se trataba de una enfermedad de la vista. Esto nos recuerda que también el libro de Los Hechos, aunque usando un lenguaje simbólico, dice que con motivo de su conversión Pablo sufrió un enceguecimiento, que quizá lo acompaño por el resto de su vida. Y las duras condiciones en que luego tuvo que trabajar como cosedor de tiendas, debieron de contribuir a agravar este cuadro.
Esta discapacidad que afectaba a Pablo explicaría las grandes letras con las que se veía obligado a escribir (Gal 6, 11), el hecho de que siempre necesitaba de algún secretario para redactar sus cartas (1 Cor 16, 21; Rom 16, 22), y la continua necesidad gente alrededor suyo que lo ayudara en sus misiones.
Era Pablo perseguidor?
El rasgo más conocido de Pablo es el de haber sido, antes de convertirse, perseguidor de los cristianos. El mismo lo afirma tres veces en sus cartas (Gal 1, 13; 1 Cor 15, 9; Flp 3, 6). Pero no añade nada más.
En cambio en Los Hechos, aumenta enormemente esta información. Dice que los perseguía a muerte (22, 4), que empleaba todos los medios (26, 9), que entraba casa por casa, sacaba a hombres y mujeres y los arrastraba a la cárcel (8, 3), que los llevaba encadenados (22, 4), que los torturaba y obligaba a blasfemar (26, 11ª), que los perseguía con odio hasta en ciudades extranjeras (26, 11b) y que votaba favorablemente cuando se los condenaba a muerte (26, 10).
Todas ampliaciones son una exageración de Lucas. Ciertamente Pablo combatió a los cristianos, pero no con la saña contada en Los Hechos. Como el libro relata su impresionante conversión camino a Damasco, seguramente el autor pensó que una “gran” conversión debía estar precedida por una “gran” persecución. Por eso abulta a propósito los datos, que no corresponden a la realidad.
También se lee en Los Hechos que pablo persiguió a los cristianos en Jerusalén. Lo cual no puede ser verdad, ya que el mismo apóstol sostiene que cuando viajó a Jerusalén luego de convertirse, las iglesias de Judea no me conocían personalmente (Gal 1, 22). Si Pablo hubiera hostigado a los cristianos de Jerusalén, ¿cómo es posible que no lo conocieran en esa ciudad? Debemos, pues, deducir que persiguió a los cristianos en alguna otra parte, no en Jerusalén. Y por eso tampoco pudo haber participado de la muerte de Esteban, el primer mártir cristiano, como sostiene Los Hechos (7, 58).
¿Dónde se convirtió?
Según Los Hechos, Pablo se convirtió en mitad de un viaje a Damasco, cuando iba desde Jerusalén con una autorización del Sumo Sacerdote para tomar prisioneros a los cristianos y llevarlos a Jerusalén.
Pero este viaje resulta muy discutible, En primer lugar, porque vimos que Pablo no vivía en Jerusalén, ni perseguía allí a los cristianos. En segundo lugar, porque Damasco pertenecía a otra provincia romana (Siria). ¿Cómo podían las autoridades de la provincia de Judea tener jurisdicción sobre aquella? En tercer lugar, porque las sinagogas de cada ciudad eran independientes y decidían libremente sobre la suerte de los delincuentes (según 2 Cor 11, 24) ¿Cómo el Sumo Sacerdote de Jerusalén iba a dar autorización para apresar gente de Damasco? Todo esto indica que el viaje de Pablo a Damasco no tiene ningún fundamente histórico.
¿Donde se convirtió entonces Pablo? Por sus cartas podemos deducir que en la ciudad misma de Damasco, donde se hallaba viviendo. En efecto, Gal 1, 17, dice que después de su conversión (que no aclara donde ocurrió) viajó a Arabia, y que luego regresó a Damasco. Si “regresó” a Damasco, es porque allí vivía cuando se convirtió.
¿Y porque Pablo, que oriundo de Tarso, se había radicado de joven en Damasco? Porque al ser ésta una ciudad completamente rodeada por el desierto, era lógico que se necesitaran allí más que en otras partes las tiendas de campaña que el y su familia fabricaban. Por lo tanto, fue mientras estaba radicado en Damasco por razones laborales cuando Pablo conoció a la nueva “secta” cristiana; fue allí donde la persiguió; y fue allí donde, por una experiencia extraordinaria, se convirtió. Por lo tanto, su conversión tuvo lugar “en” Damasco, no “camino a” Damasco.
La prohibición de comer carne
El libro de Los Hechos afirma también que Pablo participó de la famosa asamblea de Jerusalén. ¿Qué fue esta asamblea? Cuando pablo se hallaba evangelizando en Antioquía (otra ciudad de Siria), llegaron algunos cristianos tradicionalistas de Jerusalén y se escandalizaron al ver que los creyentes de Antioquía no se circuncidaban (algo considerado esencial para ser un buen cristiano en aquellos primeros tiempos). Pablo les explicó que, según el entendía, la circuncisión no era necesaria. Pero los recién llegados lo denunciaron en Jerusalén, y estalló un grave incidente entre ambos grupos, que terminó con la convocatoria a una reunión en Jerusalén, tradicionalmente llamada el “Concilio de Jerusalén”. Y a ella asistió Pablo como delegado de Antioquía (Hech 15, 1-2).
En esa reunión (siempre, según Los Hechos), Pablo trató de convencer a las autoridades de Jerusalén de que no les impusieran prácticas judías a los cristianos. Y aunque no lo logró del todo, se llegó a un acuerdo: mediante un decreto se estableció que los cristianos convertidos solo debían cumplir cuatro leyes:
a) No comer carne sacrificada a los ídolos; b) no casarse entre parientes; c) no comer carne sin desangrar; d) no comer nada con sangre. Luego, los participantes del Concilio le pidieron al mismo Pablo que se encargara de difundir este decreto (Hech 15, 13-29).
¿Asistió Pablo al Concilio?
Ahora bien, aunque Pablo participó de esa reunión, porque el mismo lo cuenta, (Gal 2. 1-10), parece haberse marchado antes de que se emitiera el famoso decreto con las cuatro cláusulas.
Primero, porque en su Carta a los Corintios, cuando los consultaban sobre cuáles alimentos pueden comerse y cuales no, Pablo no menciona ese decreto oficial, y da su propia opinión sobre el tema (1 Cor 8-10).
Segundo, porque en su Carta a los Gálatas, contestando a algunos que sostenían que para la Iglesia oficial, era obligación circuncidarse, tampoco cita el decreto, que le hubiera servido de excelente argumento para ganar la discusión.
Finalmente, porque el mismo libro de Los Hechos expresa más adelante que cuando Pablo viajó otra vez a Jerusalén, las autoridades le avisaron de la existencia de este decreto, del que pablo no tenía ni idea (Hech 21, 15-24), contradiciéndose con lo que había dicho antes.
O sea que Pablo participó del Concilio de Jerusalén. Pero el nos da una versión ligeramente distinta de los acontecimientos.
En su Carta a los Gálatas dice que asistió movido por una revelación (v. 2); y en Los Hechos, que asistió por una disputa.
En Gálatas afirma que sólo se reunió con los notables (v. 2); y en Los Hechos, con todos los apóstoles y presbíteros.
En Gálatas manifiesta que a exponer su evangelio (v. 2); y en Los Hechos, a discutir las obligaciones que debían observar los paganos convertidos.
En Gálatas dice que no le impusieron nada (v. 6); y en Los Hechos, que le impusieron cuatro cláusulas bastantes duras.
El fin de sus días
El Libro de Los Hechos finaliza de modo abrupto. Indica que Pablo después de realizar varios viajes por el Asia Menor fue apresado y llevado a Roma en año 60; y que allí permaneció dos años en una casa que alquilaba, predicando la Palabra de Dios (28-30). Y así termina.
Pero ¿qué sucedió luego con Pablo? ¿Fue liberado? ¿Lo mataron? Según una antigua tradición, en julio del año 64 el emperador Nerón desató una persecución contra los cristianos de Roma, y entre las victimas que cayeron en esa ocasión estuvo también Pablo.
¿Cómo lo mataron? Al parecer, según esa misma tradición, un verdugo le cortó la cabeza con una espada. Cuenta la leyenda que, al desprenderse del cuerpo, ésta dio tres botes en el suelo, haciendo surgir tres fuentes de agua.
Pablo, el famoso fariseo, el elocuente y entusiasta joven judío al que le esperaba un brillante porvenir como hebreo perseguidor y celoso cumplidor de la ley de Moisés, a esta altura ya lo había perdido todo: sus amigos, su familia, su buen nombre, su futuro, su paz. Sólo le faltaba eso: perder la cabeza. Pero no le importó demasiado. Lo decía en una carta a sus amigos: Pienso que todo es una pérdida frente a la grandeza de poder conocer a Cristo Jesús. Por el Perdí todas las cosas Y todo lo considero una basura con tal de ganarlo a El (Flp 3, 8)

20100602

PABLO - CREEMOS Y SEGUIMOS A JESÚS CON LA PASIÓN DE SAN PABLO- (Primera Parte)

Comenzamos el Mes de Junio, y en uno de sus días, el 29, celebramos la Fiesta de los Santos San Pedro y San Pablo. Para los Palestristas es una oportunidad para homenajear en primer término a nuestro carismático Líder, y la manera de "Seguir a Jesús con la Pasión de Pablo".
Ese día comenzaremos una serie de actividades comunitarias, pero en esta oportunidad vamos a comenzar el mes con una serie de notas sobre el Apóstol, esperamos sepan acrecentar los conocimientos de San Pablo y compartirlo con todos aquellos que se identifican con el Modo Paulino de Palestra.

En cierta ocasión, una junta de ministros religiosos estaba eligiendo al pastor que debían colocar al frente de una iglesia. A medida que se leían los antecedentes de los candidatos presentados, todos eran rechazados sistemáticamente, uno tras otro, por diferentes motivos, de manera que el comité no terminaba de encontrar al hombre ideal para el puesto.
- Queda algún otro solicitante?, preguntó el presidente.
Entonces un miembro de la junta se levantó y leyó la última propuesta que quedaba:
“Señores, como la sede de la parroquia está vacante, me gustaría solicitar el cargo. He sido misionero por muchos años, y escribí varios libros teológicos y pastorales. Soy buen organizador y he sido líder en la mayoría de los lugares donde estuve. Pero, para ser sincero, no alcancé mucho éxito como predicador. Tengo más de cincuenta años de edad y nunca prediqué en un lugar más de tres años. A veces tuve que abandonar el pueblo porque mi trabajo ocasionaba disturbios y levantamientos. Debo confesar que estuve en la cárcel tres o cuatro veces, y mi salud no es muy buena, aunque todavía puedo hacer cosas.
Las iglesias en las que predique siempre has sido pequeñas, si bien ubicadas en ciudades grandes. Nunca me llevé bien con los líderes religiosos de los sitios donde trabajaba. Algunos incluso llegaron a amenazarme, y hasta me atacaron físicamente. No soy bueno para llevar registros, y se me conoce por olvidarme de los que he bautizado. Pero si me nombran en el cargo, prometo poner todo mi esfuerza parta hacer mejor mi trabajo”.
Cuando el ministro de la junta terminó de leer la solicitud, preguntó al comité:
-¿Que piensan ustedes?
Los otros miembros estaban pasmados. ¿Nombrar a un enfermizo, buscapleitos, distraído, ex presidiario? ¡Había que estar loco para presentar semejante solicitud¡
-¿Quién firma la carta?, preguntaron.
El ministro miró a todos un instante, y sonriendo dijo:
-Esta firmada por Pablo de Tarso.

Una de las figuras más asombrosas, y a la vez fascinantes, del cristianismo primitivo, es sin duda la de San Pablo. Sobre todo por la época tan difícil en la que le tocó vivir.
En aquel entonces, la Iglesia debatía vehementemente la cuestión de si ésta debía seguir siendo una parte del judaísmo tradicional o si, basándose en él, debía defender y buscar su propia identidad e independencia. Pablo, aún siendo judío de nacimiento, y sintiéndose orgulloso de su origen, adoptó la segunda alternativa. Y no solo la aplicó en su experiencia misionera sino que supo traducirla también categorías teológicas, con un discurso tan sólido, que hasta el día de hoy la Iglesia lo tiene como su postura oficial.
Para conocer la personalidad de pablo contamos con una documentación amplia y excepcional. En primer lugar, porque el es autor de gran parte del Nuevo Testamento. De los veintisiete libros que lo componen, trece cartas integran el llamado epistolario paulino, las cuales nos ayudan a reconstruir los rasgos esenciales de su figura y su actuación histórica.
De ellas, siete cartas se reconocen como auténticas es decir, escritas o dictadas directamente por Pablo.
Fuera de estas, existe también otra obra que nos permite recuperar varios datos importantes de su vida, como el libro de los Hechos de los Apóstoles, atribuido a San Lucas. En él, de los 28 capítulos que contiene, al menos 16 están dedicados a Pablo de Tarso.
Hay además varios libros bíblicos, en los que los estudiosos han descubierto cierta influencia paulina, como el Evangelio de San Lucas, la 1ra. Carta de San Pedro, o la Exhortación a los Hebreos, transmitida durante mucho tiempo como escrita por el mismo Pablo.
Finalmente, tenemos una abundante literatura surgida durante los primeros tiempos en la Iglesia, ya sea con su firma, ya sea sobre su persona, que no fueron aceptadas dentro del Nuevo Testamento, y que se conocen como Libros Apócrifos (Del latín apocryphus, y este del griego ἀπόκρυφος; oculto, o también, supuesto).
Todo esto hace que sobre la personalidad de Pablo, podamos recoger más datos que sobre cualquier otra figura de la antigüedad cristiana.
Sin embargo, a pesar de tan abundante bibliografía, su vida está rodeada de enigmas y de misterios, no siempre fáciles de resolver.
Se intenta aclarar algunos de ellos. En el se recogen artículos ya aparecidos en publicaciones anteriores junto con otros inéditos aún, todos los cuales giran en torno a la figura del apóstol de los gentiles.
Cuando uno conoce mas de cerca a Pablo, se encuentra con un ser extraordinario y fantástico, capaz de deslumbrar desde el primer momento. Pero también con un hombre limitado, torturado y afligido por los derroteros que tomaba la Iglesia de su tiempo, así como la eficacia de su propio apostolado. Todo lo cual, nos ayuda a replantearnos nuestra propia vocación y nuestro compromiso con la Iglesia.
Con este fin compartimos los próximos artículos sobre Pablo de Tarso.

20091203

PRUEBAS DEFINITIVAS PARA EL DISCIPULADO CRISTIANO - El Discipulado según los Evangelios de San Mateo, San Lucas y las Cartas de San Pablo.

Vivimos hoy inmersos en mucha polarización, situándonos en polos opuestos, tanto en nuestras iglesias como en la sociedad. Algo saludable hay en ello, a pesar de su lado oculto amargo. La indignación moral y la ira, al fin y al cabo, indican fervor moral. Todavía creemos en cosas, en lo correcto y en lo erróneo. En eso hay virtud.
Pero, hay también algo muy enfermizo en nuestra situación actual, en la que personas sinceras no pueden ya tener una conversación civilizada y respetuosa entre sí sobre ciertas cuestiones morales y religiosas, porque cada lado en el fondo no respeta al otro, convencido de que el otro ha claudicado en algún punto que constituye una prueba definitiva de bondad moral.
Dentro de la Iglesia y dentro de nuestros procesos cívicos y políticos, invariablemente, cada lado, tanto el progresista como el conservador, tiene algún tema que es fundamental, no-negociable y que constituye la prueba definitiva por la que juzgar la bondad moral y religiosa de todos los demás.

Para algunos el tema en cuestión es de carácter moral (aborto, matrimonio homosexual, justicia para un grupo concreto), para otros el tema en cuestión se relaciona con la práctica religiosa (asistencia a la iglesia, membresía en una determinada denominación religiosa), y para otros la cuestión es dogmática (ordenación sacerdotal de las mujeres, la aceptación no crítica de la Escritura o de la autoridad de la Iglesia, sincretismo). Pero, se resalta un tema concreto de modo que constituya la base para un juicio discriminatorio final, que será la prueba definitiva para determinar si algún otro es digno de respeto religioso y moral.

Pero, ¿es esto legítimo? ¿Puede un solo tema convertirse en prueba definitiva? ¿Qué dice Jesús sobre esto? ¿Y qué dicen las Escrituras? ¿Puede tomarse una sola cuestión moral o religiosa y constituirla en la esencia misma, el centro, el corazón no-negociable del discipulado cristiano?
En cierto sentido, sí, aunque esto debe matizarse cuidadosamente. Además, cada escritor del Nuevo Testamento plantea esto de manera diferente:
En el evangelio de Mateo, Jesús articula el centro moral del discipulado en lo que llamamos el Sermón de la Montaña.
En su centro yace este reto: ¿Puedes acaso amar a un enemigo? ¿Puedes realmente perdonar a alguien que te ha herido? ¿Puedes acaso ser bueno con los que te han perjudicado? ¿Puedes realmente perdonar a un asesino?
Este reto es lo que da fundamento a la enseñanza moral, entre otras, de Jesús, y le da su carácter único y mordiente.
Se supone que ésta es la señal distintiva de un seguidor de Jesús: Que puede amar y perdonar a un enemigo. Si el Nuevo Testamento en general, quiere darnos una prueba definitiva del discipulado, ésta pudiera ser su única línea de formulación: ¿Puedes amar y perdonar a un enemigo?

Lucas subraya el mismo punto, pero con diferente lenguaje. En él Jesús nos reta a ser compasivos como nuestro Padre del cielo es compasivo, definiendo esa compasión como amor, como el del Padre del Hijo Pródigo y del Hermano Mayor, que hace que la luz brille igualmente sobre buenos y malos, que sale de sí mismo y ama, sin tener en cuenta los méritos o deméritos.
La prueba clave podría formularse aquí de este modo: Amarse unos a otros, superando las diferencias.
No ames sólo a los de tu propio grupo o ideología, o a alguien que pueda devolverte el amor. Abraza con amor, con brazos tan abiertos, como Dios mismo abraza con amor.

Las cartas de San Pablo plasman esto en la distinción que hace lo que él llama vida en la carne, en cuanto opuesta a lo que él llama vida en el Espíritu.
La primera, vida en la carne, se caracteriza por “fornicación, indecencia, libertinaje, idolatría, superstición, enemistades, peleas, envidia, cólera, ambición, discordias, sectarismos, celos…”.
Cuando estas cosas existen en nuestras vidas, no podemos engañarnos a nosotros mismos pensando que estamos viviendo dentro del Espíritu de Dios.

La vida en el Espíritu, para Pablo, se caracteriza por el “amor, alegría, paz, paciencia, bondad, fortaleza, aguante, afabilidad, amabilidad, generosidad, fe y castidad”.
Solamente cuando se manifiesten estas cualidades en nuestras vidas, podemos pensar que caminamos por la ruta del auténtico discipulado.
Para Pablo, la prueba definitiva no es un tema moral solo y único, sino más bien un modo total de vivir, que irradia más amor que egoísmo, más alegría que amargura, más paz que facción, más paciencia y respeto que juicios negativos y murmuración, más empatía que ira, y mejor disposición para sudar la sangre del sacrificio que ceder a las tentaciones del momento.
No queremos sugerir que temas morales concretos, dogmáticos y eclesiales, no sean importantes; algunos de ellos son efectivamente materia de vida o muerte. Pero el discipulado cristiano no se refiere sólo a nuestras acciones; también se refiere a nuestros corazones.
La esencia del discipulado cristiano reside en revestirnos del corazón de Cristo. La moralidad auténtica, la defensa de la verdad y las prácticas eclesiales vigorizadoras, proceden de esa experiencia de identificación con Cristo, llegan a ser respetuosas y dispuestas al perdón y al amor.
Ron Rolheiser (Traducción por Carmelo Astiz, cmf)

20091006

- HIMNO DE PALESTRA - Versiones Originarias de su Música y sus letras.

Los Palestristas nos identificamos de muchas maneras, una de ellas es una canción, nuestro Himno. La letra está compuesta por estrofas que fundamentan algunas de nuestras características Palestristas; Lucha Ligada, Apostolado, Cristo Camino, verdad y vida, María, etc. y contiene un estribillo, que marca la esencia de todo hijo de Dios, vivir en Gracia.
El Himno de Palestra tiene una melodía y una letra, pero su música y letras originales vienen de una canción llamada, “BELLA CIAO”, que significa; HOLA HERMOSA (Ciao en italiano es un saludo; cuando uno se va o cuando regresa, se pronuncia “chao”).
En Palestra se toma la música y se le pone otra letra, su autor, el Nicaraguense Francisco José Lacayo Parajón. (Ver abajo sus consideraciones en un correo y sus datos).
La música, originalmente es una tarantella, expresión del folclore italiano, y sufre distintas transformaciones en su letra, desde el uso que le daban en el valle del Po, al norte de Italia, luego como protesta durante la Primera Guerra Mundial, y como un emblema en la lucha contra el invasor, durante la II Guerra Mundial. Cuando los hombres partían a la guerra, a manera de despedida o bienvenida, la cantaban a sus esposas, hijas, madres, que quedaban en el pueblo.
Esta canción es un himno a la lucha contra todo tipo de opresión, de esclavitud y de invasión, la misma se popularizó en la Segunda Guerra Mundial, cuando el invasor nazi, se apoderó de Italia y los partigiani se unieron para recuperar la libertad, usando como emblema esta canción.
La propagación de Bella Ciao, en su versión realizada durante la Resistencia a la invasión, está documentada y parece circunscribirse sobre todo en la región de Emilia, entre los Apeninos boloñeses y las zonas de los Apeninos de Módena, al norte de Italia.
Su autor es anónimo, pero la melodía deriva, a su vez, de un canto del siglo XIX de las trabajadoras de los arrozales Padanos o Piamonte, también llamado Valle del Po (región del norte de Italia, cruzada por el río Po o Padus), contra sus duras condiciones de trabajo en pleno verano, debiendo permanecer con los cuerpos encorvados y los pies dentro del agua todo el día, lo que les ocasionaba serias enfermedades.
Los Partizanos italianos, en la Segunda Guerra Mundial, toman la melodía y le ponen otra letra. También tiene influencias de otras canciones, sobre todo en la letra, como "Fior di tomba" (Flor en la tumba).
La canción Bella Ciao, se desparramó por todo el mundo cuando los italianos, por razones, sociales, políticas y económicas tuvieron que emigrar a distintas partes de la tierra.
A través de su creador, el nicaraguense Francisco José Lacayo Parajón, que en sus viajes por europa conoció la canción, y cuando nació Palestra, el dice que fue entre 1964 y 1966, se buscó identificar su mística paulina con un himno que expresara el tema de la lucha contra el invasor (el pecado), y contra toda clase de esclavitud para el hombre.
Esta canción se tradujo a la mayoría de los idiomas y tiene variaciones en sus letras. Fue y es la canción o el himno identificatorio de todo tipo de organización popular en distintas partes del mundo. Debemos decir que muchos movimientos y organizaciones de resistencia contra cualquier tipo de autoritarismo, llevan como nombre “Bella ciao”.
La versión con las estrofas del himno de Palestra, fueron sacadas de un libro, al que denominamos cariñosamente “El Mamotreto”, que son los primeros escritos, el Primer Documento de Palestra (1961-1968) que cuenta la creación del Movimiento; la consolidación de los primeros tiempos, el Primer congreso Internacional del Movimiento en Colombia, en 1968, el estatuto, la Preparación y el horario del Período Motivador y la versión oficial del Himno de Palestra.
De acuerdo a la vivencia de los palestristas en el Movimiento en distintas regiones, con el tiempo se fueron agregando estrofas, que significan un momento especial en la vida de cada Comunidad.
Compartimos con uds. las dos versiones originales en Italiano y su traducción al Castellano. Agregamos, además un video con las dos versiones en italiano, cantadas por un coro de adultos italianos, a modo de comparar y conocer las raíces de nuestra canción identificatoria.
VERSIÓN DE LAS TRABAJADORAS DEL ARROZ DEL VALLE DEL PO
La expresión "bella ciao", en este caso, indica la adolescencia-juventud que se pierde y se malogra en el trabajo obligado. La forma de cantarla es más melódica, triste. Eran adolescentes y jóvenes campesinas del Alto Piamonte que encontraban en este canto un estado de ánimo y sueños de libertad para soportar el duro trabajo (casi esclavo) en los arrozales. Esta versión es anterior a la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

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Alla mattina appena alzata
O bella ciao bella ciao bella ciao, ciao, ciao.

Alla mattina appena alzata

in risaia mi tocca andar.
Por la mañana, apenas levantada
O bella ciao bella ciao bella ciao, ciao, ciao.

Por la mañana, apenas levantada

a los arrozales he de ir.
E fra gli insetti e le zanzare
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao.

E fra gli insetti e le zanzare

un dur lavoro mi tocca far.
Y entre los insectos y los mosquitos
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao.

Y entre los insectos y los mosquitos

un duro trabajo debo hacer.
Il capo in piedi col suo bastone
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao.

Il capo in piedi col suo bastone

e noi curve a laborar.
El jefe erguido con su bastón
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao.

El jefe erguido con su bastón

y nosotras inclinadas para faenar.
O mamma mia o che tormento
O bella ciao bella ciao bella cia ciao ciao.

O mamma mia o che tormento

io t'invoco ogni doman.
Oh madre mía, oh qué tormento
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao.

Oh madre mía, oh qué tormento

yo te llamo cada día.
Ma verrà un giorno che tutte quante
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao.

Ma verrà un giorno che tutte quante

lavoreremo in libertà.
Pero un día verás que todas nosotras
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao.

Pero un día verás que todas nosotras,

trabajaremos en libertad.



VERSIÓN; SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Es la que surgió durante Segunda Guerra Mundial, cuando en 1943, Alemania decide invadir Italia por considerarlos traidores a sus planes. Es la más difundida y equivocadamente se le atribuye su autoría, a los partisanos, organización que reunía a muchos grupos de distintas ideologías políticas y sociales.
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Una mattina mi son svegliata, oh bella ciao... Una mattina mi son svegliata e ho trovato l’invasor.
Esta mañana me he levantado, oh bella ciao... Esta mañana me he levantado, y he descubierto al invasor.
Oh partigiano, porta mi via, oh bella ciao... oh partigiano, porta mi via che mi sento di morir.
Oh Partizano, quiero ir contigo, o bella ciao... Oh Partizano quiero ir contigo, porque me siento aquí morir.
E se io muoio da partigiano
O bella ciao... e se io muoio da partigiano tu mi devi seppellir.
Y si yo caigo, en la montaña, o bella ciao... y si yo caigo, en la montaña, toma en tus manos un fusil.
Seppellire lassù in montagna O bella ciao... Seppellire lassù in montagna sotto l'ombra di un bel fior.
Cava una fosa en la montaña, o bella ciao... cava una fosa en la montaña, bajo la sombra de una flor.
E le genti che passeranno, O bella ciao...e le genti che passeranno mi diranno che bel fior.
Así la gente cuando la vea. o bella ciao... así la gente cuando la vea, se dirá ¡qué bella flor!.
Questo è il fiore del partigiano O bella ciao... questo è il fiore del partigiano, morto per la libertà.
Será la tumba de un partizano, o bella ciao... será la tumba, de un partizano, muerto por la libertad.





VIDEO CON LAS 2 VERSIONES ORIGINARIAS
video

 
- EL CREADOR DE LA LETRA DEL HIMNO DE PALESTRA
Su nombre es Francisco José Lacayo Parajón, Nicaraguense, docente, sociólogo, catedrático, embajador de la UNESCO. El escribe este correo que nos hizo llegar, en ella hacen referencia a contactos con Eli Aguilar y Sergio Valdez, quienes tienen material que compartieron via internet:
Francisco José Lacayo Parajón - Cuba
 "...en efecto, hace ya más de 45 años (mi mente no me aporta la fecha exacta) una noche,me senté a escribir un himno para el movimiento de jóvenes cristianos Palestra.
Con el Hno. Hernando Sebá (quien hasta hace unos años era Rector de la Universidad La Salle en Bogotá) habíamos organizado un seminario/retiro con jóvenes de Centroamérica. El retiro se realizó en San José de Costa Rica, si mal no recuerdo.
Durante ese encuentro una noche me senté a escribir unas estrofas para el movimiento. La música la tomé de una vieja canción de los partisanos (militantes de la resistencia italiana contra el fascismo en los años 40) Ah Bella Chiao. Yo había pasado unos años en Europa (Italia y España) en el momento en el que se preparaba y realizaba el Concilio Vaticano Segundo.
El Hno Hernando y yo estábamos fuertemente marcados por este Concilio y luego por el Concilio de Medellín. Trabajé el texto de un tirón toda una noche. Salieron quizás una docena de estrofas. Recuerdo algunas de memoria porque durante todas estas décadas, las he tarareado muchas veces en mi vida.
No recuerdo el año exacto de ese retiro. Debe de haber sido entre 1964 y 1966. El movimiento se extendió rápidamente por los 5 países de Centroamérica y Panamá.
Poco después yo tuve que salir para Europa. El Hno. Hernando Sebá continuó con otros Hermanos lasallistas y religiosos.
Después vino la dura guerra contra la dictadura de Somoza en Nicaragua. Yo me involucré en esta lucha. Durante los combates, mi casa fue bombardeada y allí se perdieron muchos de mis escritos y poemas, entre ellos la letra del himno.
Pasé muchos años, tratando de saber qué había pasado con el Movimiento Palestra. Hace como 6 años recibí un día un mensaje por correo electrónico de una pareja de Argentina. Me decían que se habían conocido desde muy jóvenes en un encuentro de Palestra, luego se habían casado y actualmente ellos y sus hijos pertenecían al movimiento.
Me informaban que llevaban años tratando de averiguar quién era el autor el himno y me pedían que les enviara el texto. Yo les respondí que yo habia redactado las estrofas de un himno para Palestra, hacía muchos años pero, que no tenía el texto completo.
Ese correo y él que hoy usted me envió han sido para mí como diáfanos mensajes del Señor. Ya tengo 67 años y he sobrevivido a dos guerras. Salí de mi país Nicaragua cuando tenía apenas 14 años, mi padre perseguido y sin trabajo durante la dictadura somocista.
He vivido en 12 países y ahora, desde hace 5 años, estoy de regreso en Nicaragua.
No tenía la más mínima idea de que Palestra continuara y fuera tan fuerte en Argentina, no sé si en otros países.
Por internet busqué hoy noticias sobre ustedes. En una de las páginas encontré el texto del himno. Varias de las estrofas son del texto original que escribí hace ya casi 50 años. Hay otras que parece fueron elaboradas después con el correr de los años. En el texto de los años 60 la primera estrofa era;
Cantemos juntos, mientras marchamos
A bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao.
cantemos juntos, mientras marchamos,
cantemos juntos nuestra Fe

Había una que decía

Y si yo caigo en el combate
A bella chiao bella chiao
Y si yo caigo en el combate
Toma en tus manos mi ideal
La razón de esa estrofa era que en ese tiempo hubo muchos asesinatos de jóvenes cristianos que luchaban por los derechos humanos y la justicia, desde su fe cristiana. En nuestros países, pertenecer a un movimiento como Palestra en esos años conllevaba a veces mucho riesgo, incluso el de ser desaparecido o asesinado.

También es de ese primer texto la estrofa;
Será la calle nuestra trinchera
A bella chiao etc.
Será la calle nuestra trinchera
Y la alegría una arma más
Por el impacto profundo del Vaticano Segundo y de Medellín, se estaba promoviendo que los laicos cristianos saliéramos a testimoniar nuestra fe en la vida cotidiana, en la calle, la prioridad por los pobres. Así mismo promovíamos un testimonio de nuestra fe irradiante de alegría, la de Cristo en Resurrección. Si Cristo no hubiera resucitado sería vana nuestra fe, dice el Apóstol.
Creo que lo que llamamos la Paz del Señor conlleva una alegria muy especial, profunda, profunda y serena, aunque podemos expresarla con pasión y vivacidad, en susurros o gritando y saltando.
Hay algunas estrofas del texto actual de las que no estoy seguro si estaban en el texto de los años 60 y hay otras que estoy seguro que son de redacción posterior.
Lo que sí recuerdo es que cada estrofa de ese texto que yo redacté (por lo que encontré en internet veo que se trata del mismo que redacté en los 60 con algunos cambios) fue pensada en función de algunas de las dimensiones del aggionarnamento de nuestra Iglesia, que impulsó Juan XXIII, el Vaticano II y el Concilio de Medellin.
Doy gracias al Señor por el mensaje que me envía a través de usted y de otros hermanos de Palestra. Si ese texto no lo hubiera escrito yo El habría buscado a otro que lo hiciera. No siento ningún mérito especial por haberlo hecho pero, me llena de profunda alegría saber que esas estrofitas las ha usado El para su trabajo en miles de corazones juveniles... Francisco Lacayo Parajón - Nicaragua.
 
DATOS DE FRANCISCO LACAYO PARAJÓN:


.- Sociólogo.
.- Director de la Escuela de Sociología de la Universidad Centroamericana (UCA). Managua (1976-1978).
.- Coordinador Adjunto de la Campaña Nacional de Alfabetización de Nicaragua, ganadora del Premio Internacional de Alfabetización de la UNESCO en 1980 (1979-1980).
.- Ex Viceministro de Educación y de Cultura de Nicaragua.
.- Miembro Fundador y Directivo del Instituto Nicaragüense de Investigación y Educación Popular (INEP), Managua (1990-2000).
.- Coordinador del Primer Programa Nacional de Cultura de Paz de la UNESCO, (1993-1998).
.- Director de la Oficina Regional de Ciencias y Tecnología de la UNESCO (1998-2000).
.- Director de la Oficina Regional de Cultura de la UNESCO(2000-2005).


Autor de:
• La Cultura de Paz, una Utopía Viable, Urgente y Necesaria, Ed. UNESCO El Salvador, 1994.
• Más allá de los Acuerdos de Paz, Ed. UNESCO, El Salvador, 1995.
• La Educación Popular Básica desde Nicaragua. Notas para una Pedagogía desde el Desempleo. Ed. INIEP. Nicaragua.1990.
• La Educación Popular desde Centroamérica. INIEP, Managua, Nicaragua, 1990
• Un Nuevo Contrato entre Cultura y Sociedad. Inédito. 2003.

20090710

- CONVOCATORIAS NACIONALES DE PALESTRA - Para reflejar un sentido de pertenencia, de identidad, trabajo en equipo y expresión de cada lugar.

En este año, en el mes de Noviembre, se realizará el Tercer ENPA (Encuentro Nacional de Palestristas Adultos) y en el año 2010, concretaremos el 6º EnNaDi (Encuentro Nacional de Dirigentes), dos Convocatorias Nacionales del Movimiento, que seguramente suscitarán por medio del Espíritu de Dios, nuevas fuerzas y horizontes para cumplir con el desafío de llevar a Jesús a los ambientes.
Por eso, ofrecemos este pequeño resumen de Convocatorias Nacionales, lo pueden leer completo en el Documento de Identidad de Palestra, Capitulo 7, Punto D.

Introducción: Las Convocatorias Nacionales tienen suma importancia para el Movimiento porque reflejan un sentido de pertenencia, de vida comunitaria, de trabajo en equipo y expresan una riqueza generada en cada lugar donde se encuentra Palestra.
A través de ellas se ve el funcionamiento de la Estructura Organizativa, la importancia de la planificación para la evangelización al estilo Paulino, la profundización de temas propios y de la Iglesia en general.
Son el ámbito donde se foguean nuestros dirigentes y donde la formación y el compartir son los elementos más importantes y el Pedal, el medio para revisarnos en la fidelidad de nuestro amor por Cristo.
Son el espacio donde maduramos nuestra fidelidad y nuestra misión, y donde mejoramos con criterios evangélicos, a la luz del Magisterio de la Iglesia y de la persona de Cristo para avanzar en el camino de la santidad y la salvación.

1) Historia: En la apertura del 12vo. Consejo Consultivo, el 3 de Enero de 1991, se escucharon estas palabras; “...Creemos en Cristo, con El hacemos la historia... Dios nos ha convocado, para seguir construyendo la historia de nuestro Movimiento. Hacer la historia, interpretar nuestra propia historia, para que sea HISTORIA DE SALVACIÓN, para nosotros y para todos aquellos que queremos EVANGELIZAR. No existen dos historias.” (Padre Juan Gagliardino. Asesor Espiritual.)
En el Movimiento Católico Palestra, la historia se afirma fuertemente en el Espíritu de Dios, El nos guió y nos guía permanentemente. Podemos decir que muchas cosas se hicieron por su impulso y por el trabajo denodado de muchos jóvenes y adultos, que a pesar de los no pocos inconvenientes, se dejaron guiar a través de las distintas actividades durante años en el Movimiento.
Muchas de esas experiencias están documentadas, otras están escritas en cuadernos y carpetas personales, otras se perdieron y quedó solamente la tradición oral, que fue pasando de boca en boca. Otras de esas experiencias están presentes en la metodología, en el folclore de cada lugar y de cada comunidad. Pero la mayoría de estas vivencias están grabadas en el corazón de muchos hermanos que están perseverando en el Movimiento y en distintos lugares de la Iglesia.
Esta historia Palestrista, como la del Pueblo elegido, tiene la presencia amorosa de Dios, su gracia y su bendición, marchas y contramarchas, alegrías y tristezas, verdades y errores, vicios y virtudes; tiene la lucha ligada, la vivencia comunitaria de la Fe, la presencia de Jesús en la Eucaristía, el acompañamiento de nuestra Madre María, y la intercesión de nuestro patrono, el Apóstol San Pablo.
Muchos, a lo largo del tiempo han ido ofreciendo sus talentos a la vivencia de esta historia comunitaria, como Cristo, que nos ofreció su Camino, su Verdad y su Vida, para que le sigamos diciendo, en estos momentos de trabajo común; “Si Señor, yo te sigo.” (En el Documento de Identidad, se detallan las Convocatorias Nacionales desde 1969. Además de un material llamado Línea del Tiempo de Palestra)

2) Espíritu: El Espíritu que ha de animar las convocatorias Nacionales es el de la oración, la reflexión, el estudio, el compromiso y la unidad del Movimiento en la Argentina, teniendo como centro de todo nuestro accionar, la persona de Cristo.
“...les rogamos que se muestren agradecidos con los que se preocupan por Uds. para dirigirlos y aconsejarlos en las cosas del Señor. Les rogamos que reprendan a los que no hacen, animen a los que están desanimados, sostengan a los débiles, tengan paciencia con todo. Cuiden que nadie devuelva a otro mal por mal, sino que procuren el bien, ya sea entre ustedes, ya sea con los demás. No apaguen el Espíritu, no desprecien lo que dicen los Profetas; Examínenlo todo y quédense con lo bueno. Les mando en nombre del Señor que esta carta se lea a todos los hermanos.” I Tes. 5, 12-28.

3) Definición: Son instancias de participación comunitaria, para evaluar, profundizar, mejorar y proyectar la marcha del Movimiento en la Argentina. Estas Convocatorias tienen un carácter; es decir, cada instancia tiene una finalidad particular, un modo de ser que indican la naturaleza esencial de la misma.
En el Movimiento Palestra se realizan tres instancias de Convocatorias Nacionales:
I.- ASAMBLEA NACIONAL:
Es el órgano deliberativo, legislativo y electivo que resuelve respecto de la estructura y organización del Movimiento a nivel Nacional, para el cumplimiento de sus fines y misión. Tiene carácter soberano.
Tienen los siguientes objetivos:
.- Establecer y promover líneas de acción a nivel nacional.
.- Asegurar la marcha del Movimiento a Nivel Nacional mediante la renovación de las autoridades.
.- Profundizar acerca de la temática de los documentos del Movimiento actualizándolos según los signos de los tiempos, y/o elaborando otros nuevos.
II.- CONGRESO NACIONAL:
Es un encuentro masivo de Palestristas a Nivel Nacional, que busca compartir y reflexionar sobre algunos aspectos de la vida del Movimiento y su inserción en la Iglesia, acrecentando de esta forma nuestra mística de comunión. Y tiene como objetivos:
a) Acrecentar la vivencia comunitaria del Movimiento.
b) Afianzar la Mística de Comunión y acción propia de nuestro Movimiento.
c) Reflexionar acerca de la inserción y el aporte del Movimiento a la acción Pastoral de la Iglesia.
d) Motivar a la perseverancia en el estilo de vida Paulino.
III.- ENCUENTRO NACIONAL DE DIRIGENTES (En.Na.Di)
Es un encuentro de dirigentes del Movimiento de carácter formativo con el objeto de compartir experiencias, afianzar y profundizar los fundamentos de la doctrina de la Iglesia Católica, y de la Mística y Espiritualidad de Palestra. Y como objetivos, tiene que;
a) Fortalecer la formación Integral del Dirigente.
b) Compartir experiencias de dirigencia
.
NOTA: En el 2005, realizamos, lo que durante muchos años anhelamos y conversamos tanto, se realizó el Primer Encuentro Nacional de Adultos Palestristas (ENPA), una instancia parecida al EnNaDi, pero haciendo énfasis en Encuentro Comunitario y en hacer un Ver, Juzgar y Actuar de esas franjas etarias; Jóvenes Adultos y Adultos.
Fuente: Documento de Identidad de Palestra

LA ORACIÓN APOSTÓLICA EN SAN PABLO - Cuando rezamos no quitamos tiempo al apostolado. Al contrario, nos estamos haciendo más aptos como instrumentos.



Al recorrer las cartas de San Pablo no podemos dejar de percibir el lugar que ocupa la oración, en particular, aquella que podríamos llamar apostólica, esencialmente ligada al apostolado.
Esta oración se alimenta y encuentra su origen precisamente en la misión apostólica pero, al mismo tiempo, esta oración apostólica prepara, acompaña y hasta reemplaza a la tarea apostólica.
En San Pablo vemos que:
“Siempre damos gracias a Dios
por todos ustedes, cuando los recordamos en nuestras oraciones, y sin cesar tenemos presente delante de Dios, nuestro Padre, como ustedes han manifestado su fe con obras, su amor con fatiga y su esperanza en Nuestro Señor Jesucristo con una firme constancia” (1 Tes. 1,2-3).
“Nosotros, por nuestra parte, no cesamos de dar gracias a Dios, porque cuando recibieron la palabra que les predicamos ustedes la aceptaron no como palabra humana, sino como lo que es realmente, como Palabra de Dios, que actúa en ustedes, los que creen” (1 Tes. 2,13).
“¿Cómo podremos dar gracias a Dios por ustedes, por todo el gozo que nos hacen sentir en la presencia de nuestro Dios? Día y noche, le pedimos con insistencia que podamos verlos de nuevo personalmente, para completar lo que todavía falta a la fe” (1 Tes. 3,9-19).
“Por eso, desde que nos enteramos de esto, oramos y pedimos sin cesar por ustedes, para que Dios les haga conocer perfectamente su voluntad, y les dé con abundancia la sabiduría y el sentido de las cosas espirituales” (Col. 1,9).
“Doy gracias sin cesar por ustedes, recordándolos siempre en mis oraciones. Que el Dios de Nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la Gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo plenamente” (Ef. 1,16-17).
“Por eso doblo mis rodillas delante del Padre, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra. Que Él se digne fortificarlos por medio de su Espíritu, conforme a la riqueza de su gloria, para que crezca en ustedes el hombre interior. Que Cristo habite en sus corazones por la fe, y sean arraigados y edificados en el amor” (Ef. 3,14-17).
Oración de acción de gracias u oración de petición es siempre oración apostólica.
Se trata siempre de dilatar el Reino de Dios. Pablo sabe muy bien que sólo Dios puede hacer penetrar, por su gracia, en las almas, el gran misterio de salvación de Cristo Jesús, del cual recibió la misión de predicar.
La oración de San Pablo es incesante, continua, como debe ser la oración de todo cristiano: “de noche y de día”; “sin cesar”; “siempre”. La oración es como la evangelización.
Dice Pablo que hay que evangelizar con oportunidad o sin ella. Lo mismo hay que decir de la oración.
Pero también la oración de Pablo es insistente: “Le pedimos con insistencia”.
Para Pablo la oración es una especie de lucha o combate que sostiene el hombre con Dios.
En la carta a los cristianos de Roma pide a los hermanos de esta comunidad“ en nombre de nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu Santo, que luchen junto conmigo, intercediendo ante Dios por mí” (Rom. 15,30).
En la carta a los Colosenses la misma palabra caracteriza la oración que Epafras eleva a Dios:“los saluda Epafras, su compatriota, este servidor de Cristo Jesús no cesa de luchar por ustedes en sus oraciones, para que se mantengan firmes en la perfección, cumpliendo plenamente la voluntad de Dios” (Col. 4,12).
Al comienzo del capítulo segundo de la misma carta a los Colosenses, Pablo usa la misma imagen para hablar del apostolado: “Sí, quiero que sepan qué dura es la lucha que sostengo por ustedes, por los de Laodicea y por tantos otros que no me conocen personalmente” (Col. 2,1).
En esta visión de la oración como lucha no falta la osadía, pero nos hace acordar de las enseñanzas del Evangelio. Por ejemplo, de la parábola del amigo inoportuno (Lc. 11, 5-8), o del episodio de la mujer cananea (Mc. 7,24-30).

Finalidad de la oración
Los Padres de la Iglesia verán en la lucha de Jacob con el ángel narrada en Gen. 32,23-33 una imagen de la eficacia de la oración. Ni Cristo ni San Pablo han dudado en enseñarnos que Dios quiere ser importunado por nuestras oraciones y dejarse, por decirlo así, arrebatar con una gran lucha lo que le pidamos.
Por supuesto, se trata de imágenes. Lo que importa es precisar el sentido. Por supuesto no se quiere decir que el hombre con su oración se propone hacer que Dios quiera lo que antes no quería, como si el hombre pudiese influir en Dios, o como si Dios no fuese el Padre misericordiosos dispuesto dar a sus hijos lo que les conviene (Lc. 11,11-13); infinitamente más solícito por el bien de sus hijos que de dar de comer a los pájaros del cielo y vestir a los lirios del campo (Lc. 12,12-31).
Santo Tomás se ha enfrentado con este problema. El título es: “De cómo la oración conviene a los hombres para obtener lo que esperamos de Dios y de las diferencias que hay entre la oración que el hombre dirige a Dios y la que dirige a otro hombre”. Cuando oramos a Dios dice, no intentemos manifestar nuestros deseos y nuestras necesidades a un Dios que lo sabe todo: “Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo esto tenéis necesidad” (Mt. 6, 22). No se trata tampoco de hacer, mediante palabras humanas, que la voluntad divina quiera lo que antes no quería.
Tenemos que recordar que es Dios mismo quien suscita la oración en nosotros.
Si rezamos, es porque Dios nos lo inspira. Hay una oración que resume maravillosamente esto: “Te rogamos, Señor, que, anticipándote a nuestras acciones, las inspires y las acompañes con tu ayuda, a fin de que toda nuestras oraciones y obras empiecen siempre en ti y en ti terminen”.
Dios está en el origen, en la continuación y en el final de toda la oración y de toda acción sobrenatural nuestra. Entonces, surge la pregunta:
¿Para qué sirve la oración?
a) Para asociarnos a su obra redentora, para que colaboremos con Él en la obra de la salvación. Lo que Dios quiere es que colaboremos según nuestras posibilidades. No podemos volver a Él por nuestros propios medios, pero quiere que podamos algo.
Y ese algo que podemos es la oración que Él nos inspira. De la misma manera al encarnarse manifestó su respeto a la libertad de la Virgen pidiéndole su consentimiento. En cierto modo también a nosotros nos pide nuestro consentimiento cuando nos pide la oración.
b) Pero hay otra razón. Y en esto Santo Tomás sigue a San Agustín que se preguntaba: “¿Qué necesidad hay de orar, si Dios ya conoce lo que necesitamos…? Porque la oración serena nuestro corazón, lo purifica y lo capacita para recibir los dones divinos que nos son infundidos espiritualmente”.
Así, la oración dispone nuestro ánimo, nos hace capaces de recibir lo que Dios nos quiere dar. “La oración le es necesaria al hombre para obtener algo de Dios, no en razón de Dios, sino en razón del que reza, porque así se hace capaz de recibir”.
Por esta causa la oración nunca es inoportuna, ya que, mediante ella, en cierto sentido, permitimos a Dios concedernos lo que Él mismo nos quiere dar. No siempre estamos dispuestos a recibir lo que Él quiere darnos y la oración permite que nos dispongamos para su recepción.
Muchas veces quisiéramos hacer algo por una persona y nos sentimos impotentes. El Señor espera nuestra oración. Orando y mortificándonos nos permitirá tener acceso a esa persona.
Lejos de oponerse a las “necesidades de la acción” tal oración encuentra en ella su razón de ser. Es parte integrante de nuestra tarea apostólica. Faltar a ella es faltar a nuestro deber apostólico.
Cuando rezamos no estamos olvidando o quitando tiempo a nuestro deber apostólico, al contrario, nos estamos haciendo más aptos para ser utilizados por Dios, como un instrumento, según su voluntad.
Obispo Héctor Luis Villalba - Extracto de su Carta Pastoral sobre La Oración.

20090620

PABLO, CORINTO Y LA EUCARISTÍA

Situada entre dos mares, con sus dos puertos, Corinto era el centro más importante del archipiélago griego, encrucijada de culturas y razas, a mitad de camino entre Oriente y Occidente.
Su población estaba compuesta por doscientos mil hombres libres y cuatrocientos mil esclavos.
Dicen que Corinto tenía ocho kms. de recinto amurallado, veintitrés templos, cinco supermercados, una plaza central y dos teatros, uno de ellos capaz para veintidós mil espectadores.
En Corinto se daban cita los vicios típicos de los grandes puertos. La ociosidad de los marineros y la afluencia de turistas, llegados de todas partes, la habían convertido en una especie de capital de «Las Vegas» del Mundo Mediterráneo. “Vivir como un corintio” era sinónimo de depravación; “corintia”, el término universalmente empleado para designar a las prostitutas, y ya puede uno imaginarse lo que significaba “corintizar”.
En Corinto, cuya población era muy heterogénea (griegos, romanos, judíos y orientales) se veneraban todos los dioses del Panteón griego. Sobre todos, Afrodita, cuyo templo estaba asistido por mil prostitutas.

Hacia el año 50 de nuestra era llegó a esta ciudad Pablo de Tarso. Tras predicar el Evangelio fundó una comunidad cristiana. Durante dieciocho meses permaneció como animador de la misma.
Sus feligreses pertenecían a las clases populares (pobres y esclavos), pero también los había de entre la gente notable, por su cultura y por su dinero. Nació así una de las comunidades cristianas primitivas más conflictivas.
Cuando Pablo, por exigencias de su trabajo misionero, se marchó de Corinto, se declaró en su seno una verdadera lucha de clases que se manifestaba vergonzosamente en la celebración de la Eucaristía.
Los nuevos cristianos, ricos y pobres, libres y esclavos, convivían, pero no compartían; eran insolidarios.
A la hora de celebrar la Eucaristía se reunían todos, pero cada uno formaba un grupo con los de su clase social, de modo que “mientras unos pasaban hambre, los otros se emborrachaban”.
Desde Efeso, Pablo les dirigió una dura carta para recordarles qué era aquello de la Eucaristía, lo que Jesús hizo la noche antes de ser entregado a la muerte cuando, “mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a ellos, diciendo: Tomen, esto es mi cuerpo. Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias, se la pasó y todos bebieron. Y les dijo: Esto es la sangre de la alianza mía que se derrama por todos”.
Poco hemos entendido estas palabras los católicos. Hoy entendemos que lo que Jesús mandó fue ir a misa y comulgar, un rito que en nada complica la vida.
Rito que no sirve para nada si, antes de misa, no se toma el pan (símbolo de nuestra persona, nuestros bienes, nuestra vida entera) y se parte, como Jesús, para repartirlo y compartirlo con los que son nuestros prójimos cotidianos.
El rico entra rico y sale rico, y el pobre, si entra, sale igual. En circunstancias similares a las que concurren en muchas misas dominicales, Pablo dijo a los feligreses de Corinto: "Es imposible comer así la cena del Señor". Dicho de otro modo, "así no vale la eucaristía", pues la cena del Señor iguala a todos los comensales en la vida, y comulgar exige, para que el rito no sea una farsa, partir, repartir y compartir.
La lucha de clases, como en Corinto, se ha instalado en nuestras eucaristías. Y donde ésta existe no puede ni debe celebrarse la cena del Señor. Jesús, antes de partir, celebra la nueva alianza con su pueblo y le deja un único mandamiento, el del amor sin fronteras. Éste es el requisito para celebrar la eucaristía: acabar con todo signo de división y desigualdad entre los que la celebran.
Habrá que recuperar, por tanto, el significado profundo del rito que Jesús realiza. “La sangre que se derrama por ustedes” significa la muerte violenta que Jesús habría de padecer como expresión de su amor al ser humano; “beber de la copa” lleva consigo aceptar la muerte de Jesús y comprometerse con él y como él a dar la vida, si fuese necesario, por los otros.
Y esto es lo que se expresa en la eucaristía; ésta es la nueva alianza, un compromiso de amor a los demás hasta la muerte. Quien no entiende así la eucaristía, se ha quedado en un puro rito que para nada sirve.
En la cena, Jesús ofrece el pan y explica que es su cuerpo. En la cultura judía “cuerpo” (en gr. soma) significaba la persona en cuanto identidad, presencia y actividad; en consecuencia, al invitar a tomar el pan/cuerpo, invita Jesús a asimilarse a él, a aceptar su persona y actividad histórica como norma de vida; él mismo da la fuerza para ello, al hacer pan/alimento.
El efecto que produce el pan en la vida humana es el que produce Jesús en sus discípulos.
El evangelista no indica que los discípulos coman el pan, pues todavía no se han asimilado a Jesús, no han digerido su forma de ser y de vivir, haciéndola vida de sus vidas. Al contrario que el pan, Jesús da la copa sin decir nada y, en cambio, se afirma explícitamente que todos bebieron de ella. Después de darla a beber, Jesús dice que “ésa es la sangre de la alianza que se derrama por todos”.
La sangre que se derrama significa la muerte violenta o, mejor, la persona en cuanto sufre tal género de muerte. “Beber de la copa” significa, por tanto, aceptar la muerte de Jesús y comprometerse, como él, a no desistir de la actividad salvadora (representada por el pan) por temor ni siquiera a la muerte.
“Comer el pan” y “beber la copa” son actos inseparables; es decir, que no se puede aceptar la vida de Jesús sin aceptar su entrega hasta el fin, y que el compromiso de quien sigue a Jesús incluye una entrega como la suya. Éste es el verdadero significado de la eucaristía.

20090521

SAN PABLO Y LA NUEVA EVANGELIZACIÓN - Parte I - Conferencia pronunciada en el VII Curso para Obispos del Brasil en Río de Janeiro en 1997.

Como señala la Tertio Millennio Adveniente, el Gran Jubileo deberá revelar una nueva primavera de vida cristiana. Pero con una condición: que los cristianos sean dóciles a la acción del Espíritu Santo.
Las reflexiones sólo tienen una ambición: ayudarnos a tener una particular sensibilidad a todo lo que el Espíritu dice a la Iglesia y a las Iglesias, así como a los individuos por medio de los carismas al servicio de toda la comunidad.
Nuestra lectura del tiempo presente se esfuerza por discernir así lo que sugiere el Espíritu Santo, con la convicción de que “la humanidad, a pesar de las apariencias, sigue esperando la revelación de los hijos de Dios y vive de esta esperanza, como se sufren los dolores del parto, según la imagen utilizada con tanta fuerza por San Pablo en Romanos 8,19-22”.
El Espíritu Santo que ilumina a la Iglesia y a todos los miembros del Pueblo de Dios, que lo guía por inspiraciones, las cuales nos piden escucha y docilidad, es “el agente principal de la Nueva Evangelización”.
Sabemos que Nueva Evangelización no quiere decir evangelio nuevo, como si el Evangelio que recibimos estuviese caduco o fuera insuficiente. “Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo, y lo será siempre”. Sabemos también que “no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos”.
Nueva Evangelización: entusiasmo nuevo por la misión, animado por la conciencia renovada de su necesidad y exigencia, así como por los nuevos espacios que le son abiertos, donde el Evangelio parece estar olvidado o clasificado como “ya conocido”.
Es una expresión muy fuerte y viva para manifestar que la novedad pertenece al Evangelio y sólo a él. Por ello la Iglesia no cesa de presentar su mensaje.
Por esta razón, la Iglesia debe hacer un diagnóstico del mundo que ella percibe, y reflexionar sobre los métodos que deben ser adoptados. La vocación misionera está inscrita en la naturaleza de la Iglesia.
El Evangelio es mensajero de alegría y, para que pueda enraizarse en nuestros corazones, es una invitación a la conversión.

PABLO EN EL AREÓPAGO
La Tertio Millennio Adveniente nos muestra el discurso de Pablo en el Areópago de Atenas (Hch 17,16-34) presentándonos una interrogante previa: ¿cuáles son los nuevos areópagos que nos esperan? Es la pregunta que buscaremos responder.
Leamos antes este discurso. Es ejemplar. Ciertamente se dirige a un público seleccionado, caracterizado por las corrientes filosóficas dominantes en esa época y por una actitud frente a la verdad que podría haber descorazonado al Apóstol para no emprender ninguna tarea.
De hecho, su primera reacción es de rechazo: “estaba interiormente indignado al ver la ciudad llena de ídolos”.
En Atenas, Pablo divide en dos su actividad de predicador: por un lado, se entretiene en la sinagoga con los judíos y con aquellos que adoran a Dios. Aquí su predicación puede apoyarse en la fe común al Dios único y en su palabra revelada en las Escrituras.
Por otro lado, Pablo discute, diariamente, en el “ágora” con los transeúntes; Pablo va a buscarlos. Entre estos transeúntes hay filósofos epicureístas y estoicos, que se ríen de él: un “charlatán” o un “vendedor ambulante de divinidades extranjeras”, y esto porque anunciaba a Jesús y la resurrección. Los oyentes tal vez entendiesen que Resurrección era el nombre de una diosa. La parresía de Pablo: él no se calla sobre el mensaje ni lo suaviza.
Entretanto, el desprecio no les mata la curiosidad “por las proposiciones extrañas”. Pablo aprovecha la ocasión que se le presenta.
Pablo percibe que ellos no buscan con lealtad la verdad: “Todos los atenienses pasaban el tiempo sino en decir u oír las últimas novedades”.
Pablo no se considera vencido, aunque podría renunciar, desanimado: ¿para qué hablar con un pueblo con tales disposiciones?
Nuestra meditación apunta al carácter paradigmático de la actitud de Pablo frente a la Nueva Evangelización, pues sus aplicaciones actuales son necesarias. El paradigma contenido en la Palabra de Dios tiene valor permanente.
La conclusión del pasaje es breve: “Así salió Pablo de en medio de ellos. Pero algunos hombres se adhirieron a él y creyeron, entre ellos Dionisio Areopagita, una mujer llamada Damaris y algunos otros con ellos”.
GEORGES COTTIER
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